Decía mi abuelo, hombre sabio, que no hay ética sin estética. Y qué verdad tenía.
No me gusta hablar de política, no por nada, pero me aburre bastante y prefiero el debate técnico y objetivo al gutural y subjetivo. Pero hoy en día sufrimos de una avalancha de casos de corrupción noticiables, y me ha venido esa cita a la cabeza: sin estética, no hay ética, o dicho de otro modo: lo que no es ético es, con mucha seguridad, además antiestético.
Y ese quizás sea el problema matriz de la corrupción: que aparte de estar mal (y punto, sin escala de grises), queda feo (y punto), como esas figuritas de los todo-a-cien (ahora, todo-a-cero-sesenta) que son un dragón chino y dos delfines azul chillón al lado y cascada oro-brillante de fondo y reloj (rara vez funciona más allá de 24h) y radio AM-FM. Yo supongo que los diseñan para la mesilla de noche (por el detalle de la radio), pero me daría pavor despertarme por la noche y encontrarme aquel horror artístico cerca, muy cerca.
Pues igual con la corrupción.
FINIS: siguiendo con lo del dragón/reloj/radio, siempre me he preguntado qué se le pasará por la cabeza a quien los diseña. Quiero decir: esos cristos con luces color flash de fondo (ya sabes: sabor naranja, fresa o limón) y esas cosas kitsch de utilidad dudosa, ¿tienen un patrón de producción? ¿Los diseñan al tuntún? Un cristo aquí, un dragón allá, tres luces, y hala, tirando.
Me ha quedado un post confuso. Será por querer hablar de política.